miércoles, 10 de febrero de 2010

LA EXTRAÑA VISITA

Eran las tres de la mañana. Yo me encontraba en la corte de Luis XV, en pleno ajetreo conspiratorio, y contemplando desde la barrera los affaires lujuriosos del rey en el Parque de los Ciervos. Al tiempo que leía, era consciente de la suerte que tenía por no haber nacido al alcance del colmillo del tirano y me sentía feliz, con mi libro envenenado y con su antídoto, que era mi pensamiento, en la placidez de la noche.
De pronto escuché un ruido en el ventanal. Volví la cabeza y vi a tres palmos de mi cara, al otro lado del cristal, un maravilloso rostro en forma de corazón que me miraba con  ojos negros del tamaño de dos grosellas.
Era una lechuza.
Intentaba agarrarse en el borde metálico con unos dedos cubiertos de pequeñas cerdas blancas mientras me miraba con la misma  sorpresa con que la miraba yo a ella.
Lo logró.
Sus pequeñas patas casi emplumadas se asieron al metal en tanto se sostenía en  equilibrio gracias a sus alas anchas, que mantuvo extendidas.
 El rostro, la garganta, el pecho y el vientre eran de un blanco como de algodón. El disco facial, blanco puro también,  estaba rodeado de plumas doradas, salpicadas de pequeñas manchas en forma de lágrimas de color humo.


Más tarde, al recordarla, le encontré parecido con  mi tía Ignacia y  con Rafael Borrás, y aunque la lechuza era mucho más guapa que ambos y en realidad Borrás tiene más cara de mochuelo,  también éste va por la vida sembrando egagrópilas y excrementos por doquier.


Entre tanto, mi excitación era tal que comencé a ulular en un tono agudo,  en lenguaje de búho, y  sin saber por qué: "¡No te vayas, no te vayas!", exclamaba en una u interminable.

Estuvimos así, cara a cara, largos minutos. Ella callaba y yo ululaba. A saber qué le dije. Tal vez fuí para ella la mensajera de los dioses. Quizás en aquel ulular que salía de mi boca  involuntariamente, Atenea le impartía instrucciones concretas, que  la lechuza necesita  para su profesión de filósofa del anochecer.
 
De pronto,  súbitamente, dejándome en la estupefacción más absoluta,  se alejó hacia la luna como si fuera otra  luna grande y alada, con un vuelo majestuoso y blando, como si no tuviera huesos.

COLOFON MACHADIANO

Por el olivar
se vio a la lechuza
volar y volar.
Campo,campo, campo.

Entre los olivos,
los cortijos blancos.
Por el ventanal
entró la lechuza
en la catedral.

San Cristobalón
la quiso espantar
al ver que bebía
del velón de aceite
de Santa María.

La Virgen habló:
-Déjala que beba
San Cristobalón.

Por el olivar
se vio a la lechuza
volar y volar.

A Santa María
un ramito verde
volando traía.

12 comentarios:

  1. No he dejado de sonreír, Blanca, con el relato de la extraña visita. Me gusta también cómo narras, con esa mezcla de agilidad y amable ironía... y me ha hecho mucha ilusión que volvieras y que encima me mencionaras como una de las artífices de tu regreso (todo un honor).
    Un abrazo de bienvenida.

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  2. Atenea nos libre de feos pajarracos. Como gran lechuza de la sabiduría, nos proteja de lo espantoso y lo vil de este mundo.

    Descubrí tu anterior blog cuando estaba inactivo y me enganchó, así que que me engancho a éste desde un principio.

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  3. Qué encuentro tan espiritual, y qué bien lo has descrito. He leído que para los aborígenes australianos la lechuza representa el alma de la mujer. Tal vez era tu alma griega, el alma de la Grecia que guardas dentro, tu "Grecia soñada fundida con la que aprendí / contemplando sus olivares como mantos desde la altura"; o la lechuza mensajera de la mismísima Atenea, la diosa que hizo surgir del suelo ateniense el olivo protector (presente, cómo no, también en ese dracma y en ese delicado colofón machadiano), que venía a decirte: "¿Cómo van esos Archivos? ¡Ánimo, hermana, que estamos contigo!". En todo caso, qué buen augurio. Y qué bien traído a la primera entrada de tu nuevo blog.

    Gracias por tenerme en cuenta en tu decisión de reabrirlo. Pero que el blog nunca te eclavice. No sólo del blog vive el hombre. Y de todo hay que descansar intermitentemente (hasta del mismo descanso).

    Uuuuuuuuuuuun beso.

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  4. Al igual que Isabel, descubrí tu blog cuando ya estaba inactivo...me alegra enormemente tu regreso.

    Saludos salados
    Toni

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  5. Estimada Blanca.

    Muchisimas gracias por tu visita al blog del Manifiesto.

    Te pedimos disculpas por la involuntaria omisión de la Fundación Vicente Ferrer. La he incluido ya en la columna de la derecha, como puedes apreciar.

    Un cordial saludo y gracias de nuevo por la visita

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  6. Las lechuzas son inquietantes y tranquilizadoras a la vez. En sus pequeños ojos negros duermen todos los misterios de la noche.

    Me alegro de que hayas vuelto, Blanca. Un abrazo.

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  7. Gracias a todos, y bienvenidos.

    La lechuza de guardia

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  8. Ahora que tengo un momento:

    Gracias a ti, Bel, que siempre haces comentarios oportunos y gratos.

    Isabel: bienvenida. Y muy oportuna también tu oración a "la hija de Zeus, la que lleva la égida".

    Qué puedo decirte a ti y a la Jonia de tu cabeza, Sebastián, hermano, el más benevolente de los amigos, el mejor de los consejeros. Procuraré hacerte caso y usar este blog de forma equilibrada y ática, y no caer en la adicción.

    Ahora me viene a la mente un haiku que te gustó:

    Es un misterio
    en el monte azulean
    los dos olivos

    Estatuadesal: bienvenida tú también. Y si ves que el asunto se vuelve tedioso, ya sabes lo que tienes que hacer: dejar caer un poquito de la sal que te compone.

    Cornelius: no hay de qué. Gracias mil por tu visita. Espero no haberme excedido en mis comentarios sobre verbos y demás. De ser así, discúlpame o bórralo.

    Ramiro: me alegro de verte de nuevo. Y tienes razón: los ojos eran como dos aceitunitas, pero su contorno era enorme, como dos halos. Esos halos eran los que le daban el aire de corazón a su misteriosa carita.

    Adenda: Unos familiares míos tuvieron en su pazo un mochuelo doméstico. Se llamaba Pepe el Comunista y campaba por la cocina con gran frescura, más orondo que un cura de aldea.
    Dormía encima de un armario y entraba y salía a su antojo.
    Ahora que pienso en él me doy cuenta que me habría gustado tener a la lechuza conmigo, aunque no sé si habría hecho amistad con mi perro Kim.

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  9. En cuanto al poema de Machado, tan infantil y narrativo, con ese sabor a libro de lectura y ese milagro inventado, tierno, tiene tres versos magníficos:

    "Campo, campo campo.

    Entre los olivos,
    los cortijos blancos"

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  10. Hola Blanca:

    Por fin puedo visitarte. Primero no encontraba el enlace y luego no tengo casi tiempo.
    Me alegra saber que estas por allí.
    Un abrazo.

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  11. hola, blanca, ola
    te leo y observo después de tiempo pasado, en la entrevista de `el cultural´, y me agrada:has vuelto a estar en amor dada, suma de quienes bien te amaron, invulnerable a la maldad y sensatez de los locos vanidosos, vulnerada por la buena gente que pisa la buena tierra
    mi simpatía siempre
    jorge quiroga jorje.q@gmail.com

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  12. Diosa de la palabra
    seductora como la que más
    qué belleza aprender de ti, mi Blanca Paloma.
    barbaranim@gmail.com

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