domingo, 7 de marzo de 2010

LA FIESTA

De niña, conocí muy bien la plaza de toros de Orihuela, que ahora lleva veinte años en desuso. Era propiedad de mi tío Antonio y de vez en cuando mis hermanos y yo,  cuando estaba vacía, íbamos a jugar con nuestros primos  mayores. En realidad, eran jóvenes primos de mi padre, que a nosotros nos parecían  fabulosos,  y la plaza también.

Un día, cuando tenía unos cinco años, Amalia, la muchacha de  mi tío Vicente, que era muy gorda y olía a agua de cebada, nos dijo a mi hermano José Ignacio, que entonces era el pequeño, y a mí:
-Mañana voy a llevaros a la Fiesta de los Toros.

A nosotros nos encantaba ir a con ella por ahí,  y pedimos permiso en casa:
-¿Podemos ir a una fiesta mañana con Amalia?

Amalia, que vivía con mi tío en el mismo edificio,  nos llevaba a veces a romerías, o a casa de parientes suyos de la huerta, en la gua-gua, para enseñarles a mi hermanito, del que estaba perdidamente enamorada,  y al que consentía de forma absoluta, así que mi madre aprobó el plan sin investigar.

Lo que sabíamos de toros mi hermano José Ignacio y yo era mucho, todo por el tío Vicente, que contaba  cuentos sobre ellos. Solían empezar así:
 -Había una vez un  torico muy bueno...

Eran cachorros de toro,  erales ingenuos que llevaban sombrero o cantaban habaneras, o saludaban a las señoras vacas al pasar.

Recuerdo el camino a la "Fiesta de los Toros"con mi hermano, felides, emperejilados ambos, de la mano de Amalia,  que como un paquebote arremetía contra la multitud. Recuerdo  el palco y también la enorme vergüenza ajena que sentí al ver  entrar a los toreros jactándose y moviendo el trasero como lagartos . Y aquello no había hecho más que empezar.

Abominación sobre abominación fue para nosotros la Fiesta de los Toros. Toros que eran monstruos enormes a los que  clavaban lanzas desde lo alto de un caballo aterrorizado. Aquello no era ninguna fiesta: era una pesadilla.  No queríamos que el toro matara al torero y no entendíamos porqué se acercaba. Después el toro quiso saltar y casi lo logra. Y luego la sangre. Y después, la muerte. 
                     
Se lo llevaban como un  fardo, arrastrando por el suelo, en lugar de dedicarle honras fúnebres,

Y Amalia, tan contenta.

7 comentarios:

  1. Blanca, me has hecho recordar mi propia experiencia cuando no tenía ni siquiera tres años y sin hermanos con los que compartirla. Es uno de los recuerdos más claros de aquellos años de los que apenas quedan cuatro cinco visiones fugaces. Me pasé el rato llorando hasta que me sacaron de allí y después -dicen, porque eso sí que no lo recuerdo- me puse enferma.
    Me ha encantado leerla, cómo la has descrito. Ha sido como si en aquel momento hubiera estado menos sola.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  2. Gracias, Blanca. Gracias mil.

    (Me ha encantado el "ostentóreo" de Jesús Gil, que es más explícito que las palabras por separado. Y el chulearse.Y...y, todo, Blanca, no tiene desperdicio)

    ResponderEliminar
  3. La narración de tu recuerdo abre los propios. Sus imágenes, su frescura, su ritmo...
    Como a Bel, también me has hecho recordar mi primera y única visita a una plaza de toros. Tendría unos ocho años. Fue la primera y la última. Jamás quise volver a contemplar eso que llamaban arte. A mí me pareció un espéctaculo de un sadismo insufrible.

    ResponderEliminar
  4. Como el toro has nacido para el luto...

    El toro, ese ser que se enseñorea libre en la hierba, ese ser sereno y bravo que verdea mansamente por sus huestes...saldrá algún día al matadero, para que aplaudan a su matador como quien aplaude a un héroe...un héroe cuya única heroicidad es matar a un ser sagrado y consagrado por miles de años de historia, acompañante de las grandes diosas madre desde la antigüedad...

    Solitudine

    ResponderEliminar
  5. Yo también recuerdo my primera tarde de toros.Iba de la mano de mi abuelo,venía también my hermnano mayor Pepe Luis,los dos de punta en blanco.No recuerdo muy bien lo que pasó en la fiesta,pero sí el orgullo de mi abuelo que era tintorero y encargado de hacer las banderillas "las más bonitas del mundo,para los toros más preciosos"(decía él)y el calor de su mano en la mia .

    ResponderEliminar
  6. La verdad que yo paso de corridas y de toros. Interesante blog.

    Saludos...

    ResponderEliminar
  7. Totalmente de acuerdo con el trasfondo que se destila de tus palabras de la llamada Fiesta, que se lo pregunten al toro. Me duele que escritores tan interesantes como javier Marías sean protaurinos y las argumentaciones que da sean tan típicas y tan tópicas, es una pena, en fin.

    ResponderEliminar