viernes, 26 de marzo de 2010

ARBOLES QUE CONOCIERON A MIGUEL

-Parece mentira-decía mi abuela hablando de "Visenterre" el cabrero- que de un hombre así haya salido un hijo tan culto.
-¿De un hombre cómo?
-De un  hombre tan basto. Tenía manos muy duras...


Los Visenterre era el apodo de  familia de  los Hernández. 

"Visenterre"-también llamado Don Miguel-arrendaba  para el pastoreo de sus cabras, entre otras, una  finca que mi familia tiene en Hurchillo, a dos o tres kilómetros de Orihuela.

En esos tiempos además de los  huertos de  naranjas y limones también  se plantaba en Hurchillo cebada, trigo y maíz.

Cuando segaban el cereal,  aquellas saltarinas Ruths y aquellas ágiles Noemís barbudas  pacían los rastrojos-que los huertanos llamaban "radrojos"- y las espigas que habían ido cayendo . Se comían también las hojas secas que quedaban del maíz, y la hierba que había nacido entre las mazorcas, que no podía cortarse cuando las plantas estaban crecidas.

Las cabras de "Visenterre", pastoreadas por Miguel en  ocasiones, entraban también en los huertos a comer  "fenás", la hierba crecida en las orillas de las acequias y escorredores. Era un beneficio para la finca, que quedaba limpia, por eso el arrendamiento del pastoreo era barato: de vez en cuando "Visenterre" regalaba un cordero o dos, o un cabrito, a mis abuelos.

En esos huertos jugaba yo de niña a veces, mordisqueaba el mismo agrillo ácido o comía los mismos limones y naranjas de los árboles que conocieron a Miguel.

Durante mucho tiempo, Miguel escribía -como seguramente hacía el rey David, el primer poeta pastor- mientras pastoreaba, en la sierra o en la huerta y con unos lápices del tamaño de una colilla. Las cabras se le escapaban más de una vez a los sembrados vecinos y, si las sorprendían, a él le caía una multa que enfurecía a su padre con enojo acumulativo.


En lugar de enfadarse, podría haberle regalado un perro, digo yo. Porque se las manejaba sólo con la honda y los silbidos.


Más tarde, se compró a plazos una máquina de escribir de segunda mano, de marca "corona", y se la llevaba en un hato junto con un pequeño diccionario del que no se separaba y  la comida que le preparaba su hermana Encarnación a la hora de los pastores: las cuatro de la mañana.

" Yo, todos los días, le ponía delante el tazón de leche, le metía el enorme bocadillo en el zurrón y le dejaba luego, para dedicarme a la limpieza del hogar "

Me impresiona, me emociona saber que  acaso alguno de los poemas huertanos del poeta pastor fue escrito allí, tal vez bajo uno de los limoneros más cercanos al jardín donde crecen las  rosas de olor y los  jazmines, vecino a las palmeras. Quizas mordiendo una granada  o una  luminosa naranja.

Ay, Miguel.

11 comentarios:

  1. Agradezco sobremanera que compartas experiencias y sensaciones tan interesantes para entender mejor el ambiente en el que se movía Miguel Hernández.
    Muy agradecido.

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  2. Que entrada más bonita, me he emocionado.
    Bicos

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  3. Cuando estudiaba en la facultad se publicó un libro de cuentos y poemas, en una pequeña editorial madrileña, cercana a Cuatro Caminos. La llevaba una profesora mía de italiano. No me acuerdo de sus nombre. Sólo sé que le compré un ejemplar a una amiga, compañera mía. Y, ahora, al leerte, me emociono; se me agolpan todos los recuerdos. Le preguntaré a mi amiga. Y te contaré. Tal vez tu sepas... Gracias, Blanca. Gracias

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  4. Sí, solamente se puede coincidir en "emocionante", porque con eso está todo dicho.

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  5. Reitero lo dicho: una entrada entrañable y emocionante, muy sentida y muy plástica.
    Un beso.

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  6. Gracias por darnos a conocer pequeñas historias de como era el entorno que vio crecer a Miguel, este grandísimo poeta de nuestros campos. Un saludo.

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  7. Es bonito saber que hay una conexión entre mis dos poetas preferidos.

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  8. José Antonio:
    Gracias a ti por venir por aquí.

    Dilaida:
    Me alegro, Dilaida. Gracias.

    Azul:
    Celebro evocarte bellos tiempos.

    María Jesús: Gracias, María Jesús, por tu comentario.

    Isabel: Me alegra verte por aquí

    Luis: Gracias a ti , Luis, por leerlas.

    Luis D: por lo que dices, juraría que eres de Orihuela como poco.

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  9. Mi tatarabuelo, Francisco Monrabá, era natural de Orihuela.
    Nunca he estado ni vivido allí.
    La conozco por su amor, que fulgura.

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  10. No sabía que era usted de Orihuela.
    La hacía gallega.

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