sábado, 24 de abril de 2010

Shakespeare in love

Mi padre guardaba sus libros favoritos bien lejos de nuestras sucias manos predadoras, en su consulta pediátrica, situada en el bajo de nuestra vivienda. Había una escalera que comunicaba con una zona de la casa, separada del resto, donde estaba mi cuarto, el de mis hermanos y la sala de rayos equis. Por la noche bajaba a birlárselos, sin tenerlas todas conmigo por si me cazaba, cosa que podía ocurrir si llegaba un enfermo en ese momento.

Allí, encerradas con llave, estaban las obras completas de Shakespeare traducidas por el maravilloso Astrana, que me leí de un tirón noche tras noche a los quince años.

Por supuesto, me enamoré de Shakespeare  más todavía que al llegar a los sonetos y a "El Fénix y la Tórtola", cuando leí su biografía escrita por Astrana y me di  cuenta de que había sido un hombre de carne y sangre y no una abstracción llamada Shakespeare, un ente nacido del sueño de la razón de Apolo.

Por las noches, antes de dormir, me aprendía fragmentos de memoria o  lo imaginaba en sus noches de dieciseis años cazando de furtivo en las tierras de Sir Lucy,   sigiloso o corriendo por los bosques con luna para huir de los guardianes,  gozando de la idea de que también él había sido un adolescente, como yo,  ilegal y que en eso al menos estábamos hermanados.

Todo esto me ha venido a la mente no sólo por las traducciones de Sebastián Mondéjar sino por un poema de Cobos Wilkin  anotado más abajo ( "Un poeta duerme sobre la colcha de boda") donde hace una alusión al Romeo y Julieta shakespeariano:

"(...) Un poeta traza caminos de vuelta al infinito
segundo del big bang, al canto de la alondra
que en el alba se finge ruiseñor de la noche
para no interrumpir a los amantes"

La escena donde aparece el ruiseñor y la alondra en "Romeo y Julieta"dice más o menos:

"-¿Quieres marcharte ya? Aún no ha despuntado el día. Era el ruiseñor y no la alondra lo que hirió el fondo temeroso de tu oído. Todas las noches trina en aquel granado. Créeme, amor mío, era el ruiseñor.
  -Era la alondra, la mensajera de la mañana ...Es preciso que parta y viva o que me quede y muera..."

Por estos versos he recordado también a la pobre Julieta de "El Público" de Lorca, otro shakespeariano de pro, y  la escena de "Barojiana" donde Benet pinta a Astrana Marín  al hilo de las  golondrinas "que hacen ala, dos veces al día, a lo largo de un aéreo circuito elíptico entre la Academia y el Archivo Diplomático, por detrás de las torres de San Jerónimo y entre los pararrayos del Museo":

"Entre algunos conocidos del barrio cundía la opinión de que su prefecto no era otro que don Luis Astrana Marín porque en cuanto, con su sombrero fregoli, su voluminosa cartera, su aspecto de meditada, compuesta e intransigente severidad alcanzaba el portal del Archivo Diplomático, los pájaros desaparecían del cielo, sin duda convocados a clase por un imperceptible timbrazo de las alturas"

lunes, 19 de abril de 2010

OTRO SONETO DE SHAKESPEARE POR SEBASTIAN MONDEJAR

CXXI

Prefiero ser obsceno a que me acusen
de serlo injustamente, pues se frustra
el lícito placer si es prejuzgado
por gente ajena a nuestros sentimientos.

¿Por qué sus falsos y viciados ojos
claman contra los gozos de mi sangre?
¿Por qué son los que espían mis flaquezas
tan débiles que ven malos mis bienes?

No. Yo soy el que soy. Quien enumera
mis excesos da cuenta de los suyos:
tal vez soy recto y ellos retorcidos;
lo sucio está en sus mentes, no en mis actos.

A menos que se acepte un mal mayor:
que el hombre es malo y reina en su malicia.

viernes, 16 de abril de 2010

SHAKESPEARE POR SEBASTIAN MONDEJAR

Sebastián me ha permitido otro adelanto de su magnífica traducción en endecasílabos de los Sonetos de Shakespeare. Gracias, Sebastián. Es un  honor para mí.





XXIII



Igual que un mal actor sobre la escena

que por miedo se olvida de su parte,
o un iracundo que al volcar su rabia
cansa su corazón con sus excesos,

por mi desconfianza he olvidado

el culto del amor, su rito exacto,
y mis fuerzas de amor se debilitan,
pues mi amor es mi carga más pesada.

Deja que la elocuencia de mis ojos,

heraldos mudos de mi pecho hablante,
suplique amor y espere recompensa
aún mayor que la lengua más precisa.

Aprende a leer lo que el amor ha escrito,

que oír con ojos a su ingenio incumbe.


jueves, 8 de abril de 2010

VASO VOTIVO CON CABEZA DE LEBREL

 El poeta Mondejar me envió hace tiempo una fotografía de un vaso votivo griego con cabeza de lebrel para ilustrar un poema que no llegué a instalar, tal vez por no disminuirla de tamaño.  Me parece tan bella que la he situado al final del blog.

lunes, 5 de abril de 2010

Dioses Paganos y Héroes Bíblicos

El comentario de Mario sobre los kouros y la escena contada abajo me ha traído a la mente una frase de Miguel Hernández en la carta ingenua que escribió a Juan Ramón antes de conocerlo, carta que quedó sin respuesta

" (..)¿Sabe usted dónde he leído tantas veces su libro?  Donde son mejores ( los libros): en la soledad, a plena naturaleza, y en la silenciosa, misteriosa, llorosa hora del crepúsculo, yendo por antiguos senderos empolvados y desiertos entre sollozos de esquilas.
No le extrañe lo que le digo, admirado maestro; es que soy pastor. No mucho poético, como lo que usted canta, pero sí un poquito poeta. Soy pastor de cabras desde mi niñez. Y estoy contento con serlo, porque habiendo nacido en casa pobre, pudo mi padre darme un  oficio y me dio este que fue de dioses paganos y héroes bíblicos. "

Y a su vez, este texto me ha recordado el famoso soneto, que tanto le gustaba a Benet:




Por una senda van los hortelanos,
que es la sagrada hora del regreso,
con la sangre injuriada por el peso
de inviernos, primaveras y veranos.

Vienen de los esfuerzos sobrehumanos
y van a la canción, y van al beso,
y van dejando por el aire impreso
un olor de herramientas y de manos.

Por otra senda yo, por otra senda
que no conduce al beso aunque es la hora,
sino que merodea sin destino.

Bajo su frente trágica y tremenda,
un toro solo en la ribera llora
olvidando que es toro y masculino.

UN PERSONAJE DE LEYENDA

"Nos fuimos a la caída de la tarde en su busca. Llegaba el poeta de la huerta de Orihuela y hacía su entrada con el rebaño de cabras por las puertas de la ciudad que dan al antiguo Colegio de Santo Domingo, que viene quedando exactamente atrás de la casa donde él vivía. Cargaba ese día sobre su cuerpo un chotillo recién nacido. Nos adelantamos a su encuentro, como si nos hubiéramos hallado con un personaje de leyenda, y estrechamos su rústica mano de pastor, y él se rió y se alborozó"

( Testimonio de Jesús Poveda)

sábado, 3 de abril de 2010

UN PASTOR DE EGLOGA

De estudiante brillantísimo de primero de bachiller en un fastuoso colegio, lleno de ilusiones auspiciadas por sus docentes, se convirtió en pastor de cabras de la noche a la mañana. 

Esto fue para Miguel Hernández, que sólo tenía catorce años, una tragedia. La repentina pobreza familiar cayó sobre él destruyendo sin remisión su futuro académico, que era todo su porvenir.

Sin embargo, recibió la no-educación de los animales, las sierra, los huertos y las estrellas, que sumada a su autoeducación de enamorado de los libros dio como resultado nada más y nada menos que un poeta, el ave más rara de todas, la única que vuela con una sola pluma.





Cuando el pastor adolescente que fue Miguel salía con sus cabras, no sólo llevaba consigo sus diminutas colillas de lápices y "papel de estraza, de ese de los comercios" para anotar sus poemas. 


Junto con su inseparable diccionario también llevaba libros de poesía.

Garcilaso y  Virgilio, a los que leyó entonces, debieron ser para él un verdadero deslumbramiento.

En aquellas églogas aparecían jóvenes que, como él, guardaban ganado y que al mismo tiempo se lamentaban en verso de sus penas, con palabras antiguas o desusadas, igual que él, no en el lenguaje rudo de los cabreros de la Calle de Arriba.

Un pastor que hace versos y que lee versos sobre pastores que hablan en verso no es, como podría parecer, una redundancia circunstancial:

Es una "rima de los acontecimientos" en consonante. O mejor  dicho, varias rimas juntas:  un "soneto de los acontecimientos" .