miércoles, 9 de febrero de 2011

IERO, IERO CERAMIKON ( Continuación)

El Museo del Ceramikon es una necrópolis que bordea las ruinas del antiguo barrio de los ceramistas. A la entrada se encuentra un pequeño edificio lleno de maravillas funerarias y restos domésticos de alfarería. 
Guardan incluso los "ostrakón", esos trozos de tejas de terracota  imperfectas y rechazadas que los ceramistas lanzaban al pie de la colina y que los griegos utilizaban para votar y condenar al ostracismo a sus conciudadanos cuando éstos resultaban incómodos.


La ley del ostracispo surgió para combatir la tiranía, aunque más tarde llegó a degenerar de tal forma que incluso condenaron al exilio a Arístides el Justo. 

Plutarco cuenta el diálogo que se produjo el día de la votación entre éste y un campesino analfabeto, que le pidió que escribiera por él  un nombre en la tablilla.

-¿Qué nombre quieres que ponga?
-Arístides
-¿Por qué?¿Qué daño te ha hecho ese tal Arístides?
- Ninguno. Ni siquiera lo conozco, pero estoy harto de oir por todas partes que le llaman el Justo.


Con el poeta Pedro Mateo haciendo de Virgilio, sin desmerecer para nada del dulce poeta latino,  el poeta Jesús Aguado y yo recorrimos fascinados bajo un sol incandescente aquella extensión salpicada de arruinadas piedras. 

Gracias a Pedro el Ceramikón cobro vida de un modo inusitado y se lleno de" hermosura y luz no usada"  la soledad, que por fortuna nos rodeaba, y el silencio, sólo roto por algún silbido lejano cuando invadíamos vedados arqueológicos . 


Así, nos fue dado ver las torres invisibles que guardaban la puerta de la ciudad, sus muros dobles, ingeniosamente organizados, los lugares donde se lavaban, o donde dejaban a los caballos, los túmulos funerarios y  ,en suma,   la  vida y la muerte de la Atenas más  arcaica. 

Vimos no sólo lo invisible, sino lo oculto, ese   correr de aguas subterráneas bajo el antiguo camino a Eleusis cuyas bocas fuimos buscando luego, por la ciudad moderna. 


Dibujada por Pedro, una procesión gigantesca descendió de la Akrópolis  hacia la misteriosa Eleusis con laureles y carruajes, y tronos y tirsos y  guirnaldas de flores.  Y entonces  Pedro pintó la noche  y  vimos pernoctar a aquellos griegos de la antigüedad, con hogueras y  antorchas y caballos dormidos.


"¡ Ieró, ieró Ceramikón! "- recitaba como una coda de cuando en cuando -"¡ Sagrado, sagrado Ceramikón.." ( lamento no recordar los fastuosos versos que venían a continuación )


Después, sobre la hierba, saludamos a las memoriosas tortugas -cuyo caparazón se llama "ostraka"también, muy apropiadamente, por cierto- y a continuación, sentados bajo un olivo, vivimos un momento ieró, ieró escuchando en silencio poemas de"En el Silencio", un  libro hermoso, de emocionante poesía elegíaca, escrito por  Pedro y traducido al griego por  de Tasos Denegris.


"No más palabras que las lágrimas"

Aún conmovidos, entramos en el museo propiamente dicho. Una conserje que ya nos había mirado al entrar nos saludó muy risueña y nos abordó diciendo: "Ustedes son los poetas. Ayer estuve en su recital". 

Teniendo en cuenta que en Atenas viven casi cuatro millones de personas, la coincidencia fue tan  sorprendente al menos como la del cuaderno de la hora del desayuno.

A continuación-y gracias a  la "Oda a los perros de Atenas", un poema que tiene fortuna quizás por estar dedicado a Vicente Ferrer-aquella mujer,  amabilísima, nos fue mostrando todos los perros que aparecen en esculturas y vasijas en el museo. Hasta el más diminuto.


Pero las noticias frescas sobre los perros de Atenas las dejo para otro día

5 comentarios:

  1. Me gusta que hayais visto primero lo invisible y luego lo oculto.

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  2. ¿Ves? es lo que decía en el otro comentario: siempre te fijas en lo esencial. Me da la impresión de que también tú te fijas primero en lo invisible y luego en lo oculto.

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  3. Preciosa crónica. Recuerdo perfectamente ese poema, y su fortuna no es sólo por la persona a quien se lo dedicabas!

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  4. Y seguro que hay algún hotelito encantador cerca.........

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  5. Cuenta Russell en La sabiduría de Occidente que, según Heráclito, a un tal Hermodoro le fue entregada una ostra con la siguiente inscripción: "No queremos entre nosotros a nadie que sea mejor que los demás. Si así has de serlo, selo, pero en otro lugar y entre otros". La excelencia, siempre patria penada.
    También a mí me han llamado mucho la atención la actitud de los canes atenienses, así echados dormitando por cualquier parte , siempre por el medio con la más filosófica indiferencia.
    Hoy hablé contigo en la frutería sobre Albania y Kadaré y quedé en darte mi teléfono y mis señas. ¨Soy Pepe Monjardín, hace un año publiqué un librito de relatos que se llama Lecturas para desconfiados. mi correo es pepemonjardin@edu.xunta.es y mi tf. 609692183. Si me llamas te regalo un ejemplar dedicado, por lo del mundo al revés de vez en cuando. La lectura de tu blog es una maravilla. Un bico

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