martes, 8 de febrero de 2011

UN POEMA ARABE-ISABELINO ( de " La Tierra Transparente" )

                                      


Dices que mi pasión de amor no vale nada , ni perla pura ni diamante , nada.


 Dices que de ser mi pasión  perfecta y sincera y de ser yo un amante auténtico y veraz  ella misma, como madre solícita , habría sido  la maestra y tutora que me instruyera en las dobles argucias del amor.


 En lugar de impulsarme locamente a infringir las leyes convencionales me habría amamantado con astucias y alimentado con artimañas para que así pudiera conseguir mi deseo .


 Eso dices . Y yo te daría la razón como aquel que regala un pájaro que habla. Llevaría la razón enjaulada a tu puerta como si fuera la abubilla de Salomón:

Por no negarte nada , te la daría.

 Pero ese mismo amor que según tu criterio no posee sutileza para lograr su objeto y por tanto no tiene esencia ni existencia es tan verdad que con sus razones me ha hecho perder la razón.

 Y pues , si no la tengo ¿cómo podría dártela?.

 ¿Y vas también a acusarme por eso ?

5 comentarios:

  1. Lo recordaba como un libro proteico, de voces diversas, magnético en muchas ocasiones.

    "pues mi Señor me ha informado / acerca de mi Señor"

    Saludos

    ResponderEliminar
  2. Gracias por tus recuerdos tan generosos con ese pequeño libro desordenado.

    La cita que traes a colación me trae a la memoria un dicho de los sufís:

    "Quién se conoce a sí mismo, conoce a su Señor"

    ResponderEliminar
  3. ¡Es realmente árabe-isabelino! dialogas con los antiguos pero también se oye muy clara tu voz. A mí me parece precioso. Y en cuanto a la foto que está aquí justo, al lado de mi comentario... primero he leído el inicio de la frase y he visto la foto y he pensado, "Bien", pero después he visto la continuación de la frase y ha sido un escalofrío, un "¡Wauu!" y la sensación de haber tocado algo perfecto.
    ¿Me das permiso para citarla en mi Facebook?

    ResponderEliminar
  4. Y ahora descubro que estaba el pomea completo abajo. Gracias!

    ResponderEliminar
  5. Bel M., querida, ¡hasta ahí podíamos llegar!¡Mira que querer anotar una cita de Miguel Hernandez en tu Facebook! ¡Que sepas que, como la he anotado yo, es mía, mía y de nadie más! Y ni se te ocurra, bajo pena de ser acusada como propagadora de epidemias, o excomulgada, a citarla o a susurrarla para tus adentros... Es más: te prohibo terminante que cites a nadie. Sólo a mí, si me pagas los debidos royaltis.

    En otro orden de cosas: ¿a qué es una maravilla? Deberíamos comentarla en su entrada, tal vez, porque tiene miga metafísica.

    ResponderEliminar