martes, 6 de septiembre de 2011

PRESTILEGIO TORRERO

"Este año-decía la Codorniz, seguro que refiriéndose a la Coruña-el verano cayó en jueves". De modo que el viernes decidí emigrar y he llegado al post-verano de la Torre, chez mi querido hermano, a pasar unos días justo en la casa que le tapa el mar a la bloguera Carmen. Y cual no sería mi sorpresa ( me encanta esta frase tan postinera) cuando al llegar, en lugar de escuchar piar a los gorriones y ver asomarse al verderón en el laurel, escuché junto a la casa de los Wilis un jaleo de semigraznidos descomunal. Qué es esto.


Me acerqué a la palmera dispuesta a averiguarlo y vi un enorme nido muy bien hecho, la verdad, y no como el chabolo que hizo este invierno el pombo en la plaza de Azcárraga, que no habría obtenido licencia de habitabilidad ni en Calcuta.


Y hablando de la India:  lo que asomaba por una de las cinco perfectamente redondas ventanas del tremendo nido palaciego  era un ave que sólo he visto allí campar por sus respetos ( otra frasecita de marras, la primera para su sed, la segunda para su placer) Nada menos que un lorito verde. Acto seguido,  vi a su madre posada en una hoja. Y desde entonces no he hecho otra cosa que ver loros y loros por todas partes.


Al principio, antes de descubrir que han copado la Torre, me pareció un asunto encantador. pero resulta que son una plaga que ha expulsado a los gorriones ( sólo he visto dos y muy delgados) y a las ardillas. Ayer apareció una, desesperada, en el jardín de la casa donde almorcé. Flaquísima y olvidando su pánico a los seres humanos y a los perros, se dirigió como una loca a un pino doncel que había al fondo. Subió y bajó con las mismas: no quedaba ni un piñón.


Desde un punto de vista no ya ecológico sino simbólico la invasión de los loros es un horror. Y también desde un punto de oído musical..

6 comentarios:

  1. Pues sí, los loros son una plaga, yo me quedo con los gorriones (pero no con las gaviotas, que por aquí empiezan a parecer plaga también). Me ha divertido enormemente tu surtido de frases postineras. Todos deberíamos usarlas de vez en cuando, alegran la vista y el oído.

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  2. ¡Lo que es el influjo de la naturaleza!: te noto muy habladora...

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  3. Qué cerquita estás Blanca. Disfruta de la playa. En La Torre de la Horadada estuve el mes pasado, sólo un día en casa de una amiga.
    Pásalo muy bien, lee y escribe.
    Besos.

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  4. En Barcelona ocurrió lo mismo. Ya hace años se adueñaron de parte de la ciudad. Lo que yo no sabía es que eran tan nefastos para los gorriones. Por lo demás, me he reído un montón con esta entrada. Ah, yo aprendí de mi abuela eso de campar por sus respetos y frases semejantes... me encanta usarlas y que las usen y más cuando es alguien como tú, que lo hace con conocimiento de causa.
    Beso para ti!

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  5. Gracias mil, Javier: faltaba tu comentario.

    Bienvenida, Elena. Gracias por acercarte por aquí.Es verdad lo que dices. Las gaviotas están desmadradas. En Galicia llegaron a atacar en un cementerio a la gente que iba por allí. Por mi parte, yo a la que se atreve a adentrarse en la plaza donde instalo mi restaurante gorrionero de alto coturno, en la Coruña, la expulso-como a las urracas-a fuerza de improperios.

    María Jesús:

    Y además escribidora. Y eso sin contar con lo que se me queda en el tintero, amenazando con salir al ágora. Será por el influjo de los loros, más bien.

    Isabel: aquí se está demasiado bien, ahora que sólo quedan algunos amigos y los suertudos jubilados ingleses. A ver si tienes oportunidad de volver. Un abrazo.

    Bel: según mi hermano, que es el ornitólogo de la familia, son menos nefastos que las ardillas minipredadoras, pero eso se verá con el tiempo- De momento, ayer vimos a una pareja de cernícalos que anidan en la torre de la Torre, aunque son demasiado pequeños para meterse con los loritos. En la Coruña, en cierta ocasión que hubo plaga de estorninos lo solucionaron con halcones. La cosa es complicada. También hay bandadas de loros en Somosaguas. Los vi sobrevolando la casa de Felipe Gonzalez. Al parecer, son loros de navidad, como los perros abandonados. Cuando llega el verano, la gente se deshace de ellos. Lo cierto es que son muy inteligentes, a tenor de las construcciones que levantan, y verlos volar es muy bello, pero me atemoriza la alteración del medio, como me figuro que te ocurre a ti. Besos para ti también, querida Bel.

    Isabel

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