lunes, 27 de mayo de 2013

BIBLIOTECA NACIONAL DE NAPOLES. SALA DE LOS RAROS: CON LUISA CASTRO Y EL DIRECTOR



                                              Que Luisa Castro y yo somos dos bichos raros no lo hemos dudado nunca ni ella ni yo. Eso por descontado. En cuanto al tercero en discordia, el director,  también era bastante raro, la verdad. 
                                                  Por otra parte, había  entre el público dos jóvenes escritoras que eran raras bellezas internacionales, una de ellas con un rostro que sólo se ve en Italia y la otra como una madonina del Quinqueccento tirando para Rafael. También estaba la consul  de Puerto Rico, unas señoras que no sabían español pero que ni cortas ni perezosas se habían lanzado a verificar de que iba aquello y que, por  lo que comentaron, se enteraron de todo y más, un proustiano de pro en busca del tiempo en general- probablemente perdiéndolo en particular- unos profesores y profesoras que no sólo sabían castellano y latín, sino griego clásico y hebreo bíblico, y un grupo de alumnos del Cervantes, tímidos y listos como una bandada de pájaros de Nueva Caledonia y cultos como cordobeses, que se dedican, cosa rara, a estudiar español con la que está cayendo.
Todo muy raro.
                                            El director de la  fastuosa biblioteca hablaba de extraños asuntos en un raro idioma que recordaba vagamente al italiano. Era como el italiano  que podría hablar una  fuga de Bach si se pusiera a ello tocada por alguna banda. Por la Wanda Landowska, por ejemplo, un día en que se hubiera tomado una anfeta.
                                            El proustiano-que me arrancó una rara promesa, aún no sé si falsa o veraz, porque era la mar de simpático-sacaba a Proust a relucir con ocasión o sin ella, cosa que siempre gusta, pero que es rara en un recital.
                                          Y yo leía poemas griegos en español, que debería haber leído Luisa Castro con su maravilloso modo de recitar para que realmente tuvieran lustre. En esto, el profesor de traducción intervino para presentar a Mario Sergio Capobianco, el raro alumno que se había prestado a leer conmigo la traducción que habían hecho entre todos de un poema de "Los Archivos Griegos".
 La foto no puede aumentarse, pero ahí estamos, toreando al alimón. Y cómo diría Proust "¿Quién lee mejor que un chico? " El poema era éste:



 A un ciprés de la Acrópolis         


                                                                                    A Juan


Verás, ciprés, hermano
de los lirios
me recuerdas a un hombre
que amé y murió
y que era como tú alto y oscuro.
Delgado como música  de cuerda
también su alma era ática
ascendía en la noche
por la secreta escala
de sí mismo
buscándose
buscando el alto cielo 
como tú.



Y esta la traducción,


Sai, cipresso, fratello
 dei gigli
tu, mi ricordi un uomo
che amai e morí
e che era come te alto e scuro
sottile come musica di corda
anche la sua anima era attica
ascendeva nella notteper la segreta scala
la sua
cercandosi
cercando il cielo alto
come te

  Está firmada por Agata Sapienza ( maravilloso apellido raro ) Raffaela Lainella ( o algo así) Elsa Morante ( parece que pone eso, nada menos, qué honor ) Pilar Mdz Areces ( creo entender) Mario Sergio Capobianco ( apellido que me concierne bastante) Maria Nieves Cardona Sánchez, Celia  Noséqué Huertas y Carolina Rincón Ponce.
La mayoría, firman como médicos, aunque también hay algún notario.
Nada lamento más que no tener todos sus nombres. Seguramente, habrá sucedido algo raro y Mario no habrá conseguido enviármelos.

 Desde aquí, les agradezco como se merecen esta sottile traducción tan bella, fechada el 8 de mayo del 2013,  y lo cálidos que fueron conmigo.

9 comentarios:

  1. Hermoso canto para aquel que escribiera "Volverás a Región".
    Humor escondido y a la vista, raro.
    Como es lógico.

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  2. El más raro de todos, sin duda, el director. Estupenda la comparación con la fuga de Bach. ¡Y Wanda Landowska! Me viene a la cabeza uno de esos conocimientos inútiles y absurdos que una guarda: siempre que pienso en ella recuerdo el hotel de boulevard Raspail donde (según me aseguró una amiga parisina y musicóloga) Landowska se alojaba siempre que visitaba la ciudad desde su exilio americano. En sus tiempos, imagino, establecimiento con empaque y glamour; cuando yo estuve, anodino hotel para turistas. Aún así, me gustaba la idea de tal vez estar ocupando la misma habitación que ella.

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  3. Según mis parientes, sucedió lo siguiente en una emisión de Radio Lugo o similar:
    - Van a escuchar ustedes el Clave bien temperado, interpretado por la Wanda Landowska.

    - A continuación, por la misma banda, van a escuchar ustedes...

    He dicho Lugo porque allí había un bar, el Dvorak,al que todo el mundo, lógicamente, llamaba el Débora. Lo gracioso es que en la máquina de discos sonaba sin parar aquella vieja canción, tan esdrújula, "Débora, tu nombre suena en mis oídos como músicaaa"


    Seguro que la ocupaste más de una vez. Esa clase de recuerdos míticos o mitológicos son muy sabrosos. A lo mejor te cruzaste con ella más de una vez desayunando o tomando un café en le Select.

    Ya sabes que no me puedo reprimir, así que te voy a contar una anécdota benetiana, bastante envidiable.


    Fue al baño de su habitación en un hotel en Roma antes de echarse la siesta y mientras se lavaba los dientes empezó a escuchar una música de violín extraordinaria. Al parecer, alguien estaba ensayando el Concierto en Re Mayor de Beethoven en la habitación de al lado. Y tocaba de un modo fabuloso.
    Como él era melómano perdido, suspendió todo, agarró su petaca de plata, metió un sillón al baño y allí, bien pertrechado, se pasó un montón de horas hasta que el violinista terminó de ensayar.

    Al bajar, investigó en recepción y supo que su violinista era.... nada más y nada menos que......tatachán.....¡¡¡el mismísimo Yehudi Menuhin, en carne y stradivarius!!!

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    1. Fe de erratas:
      Más de una vez aparece más de una vez

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    2. Estupenda anécdota. Creo que yo hubiese hecho lo mismo que él. Una de las cosas que más me gustan (nada fácil de conseguir, por cierto) es asistir a los ensayos de músicos, actores o bailarines, casi más que las representaciones, porque en los ensayos de algún modo puedes ver las "tripas" del arte, cómo se va construyendo, el esfuerzo que implica... y eso lo hace aún más interesante.

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    3. Tienes toda la razón. Uno de mis mejores recuerdos musicales fue el de una tarde en la Catedral de Notre Dame de Lausanne. Subí hasta allí y estaba cerrada, y en el momento en que me daba la vuelta para marcharme apareció un tipo muy interesante que llamó a la puerta. Le pregunté si podía entrar, y me invitó al ensayo de la Misa en Mi bemol menor de Bach, que para mí es la más bonita. El era el primer violín. Y yo él unico público. Me encantaron las repeticiones de fragmentos. Luego, por la noche, volví con Benet.

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  4. Olvidaba decir lo mucho que me gustan las imágenes del Museo Capodimonte que has añadido en el lateral del blog. ¡Vaya lujazo de museo! Nápoles es una de mis asignaturas pendientes y nunca acabo de decidirme, creo que en parte por su fama de ciudad caótica y algo insegura. Pero bueno, un día u otro habré de superar esa pereza. Está claro que vale la pena.

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    1. Yo tampoco lo he visto, a pesar de haber estado allí. No tuve un minuto libre y queda a trasmano. Me quedé con las ganas. Pero este año, de camino a Lujbliana para un recital, tuve ocasión de pasar por Venecia y ver la Galería de la Academia. Esa sí que era una asignatura pendiente de las que puntúan. A su lado, el Capodimonte es una maría. También hacía años que no iba al Prado y en mi último viaje a Madrid pude hacerlo. Fui a ver la escultura, que no es gran cosa, y de paso revisité Velazquez-sobre todo sus caballos- Tiziano, el Veronese y los Claudio de Lorena. Y cómo no, vi el Guido Reni, que es lo primero que se ve.

      Como dijo aquella señora catalana en el Liceo al ver juntas a la amante de un industrial rival con la amante de su marido: "La nostra és millor ¿eh? La nostra és millor"

      Había unos niños con su profesora viendo la Inmaculada de Murillo del Mariscal Soult. Como ella no se sabía nada de él, y yo lo conozco bien, porque lo odio por los desmanes que hizo en La Coruña y por haberse cargado a mi querido Sir John Moore, les conté sus batallitas y la historia del cuadro.Lo que no sé es qué tuvo que dar el Estado español para que los franceses la devolvieran.

      Ah, lo acabo de ver en la wiki: fue un intercambio de obras de arte.

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