jueves, 23 de enero de 2014

NI UN DIA SIN LINEA: UNA GRAN FRASE DE SHAKESPEARE

La sabiduría de Shakespeare, sobre todo cuando toma la voz de la ancianidad, alcanza a veces cotas enormes de profundidad y sencillez, dignas del más elevado sitial. Esta aparece en una obra de las que podríamos llamar menores y la justifica y la hace grande, pues es todo un tratado de autogobierno que habría que grabar en piedra.


  -Ama a todos, confía en pocos, no hagas daño a ninguno.




( W. Shakespeare. "A buen fin no hay mal principio" ) 

9 comentarios:

  1. Una frase enorme, de esas para no olvidar, y es que Shakespeare siempre atina y alimenta.
    Por cierto, cuánto tiempo sin leer nada de él. Tengo su obra completa, en un par de tomos de Aguilar, traducción de Luis Astrana Marín. Me has abierto las ganas de releerlo, así que me lo pongo cerca. Y es que es un autor nutricio, de los que deben estar cerca siempre, velando por nosotros.
    Un abrazo bien grandote, Blanca, y feliz 2014.

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    1. Me encanta la traducción de Astrana Marín, Isabel, al que tengo un cariño enorme. Procedía de una familia de labradores y su caso es un poco el de Miguel Hernández: superó todas las circunstancias adversas para llegar a ser una gran hombre de letras.
      Benet le hace un homenaje precioso en su "Otoño en Madrid hacia 1950". Voy a ver si lo encuentro y lo instalo aquí para que lo leas. Creo que es una de las páginas que más me gustan de Juan.
      En cuanto a Shakespeare, acabo de releer Enrique VIII, que no recordaba, y me ha sorprendido lo bien que deja a la reina española.
      Astrana habla de su cercanía con España, por deducciones de su vocabulario. Y no olvidemos que la obra perdida trataba de Don Quijote.
      Ay, Isabel. Si hablo de estos temas me extiendo demasiado. Discúlpame. Mil gracias por tu comentario.
      Un beso grande

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    2. Benet, desde el balcón de casa de don Pío, escribe de " las golondrinas que hacen ala, dos veces al día, a lo largo de un aéreo circuito elíptico entre la Academia y el Archivo Diplomático, por detrás de las torres de San Jerónimo y entre los pararrayos del Museo.
      Entre algunos conocidos del barrio cundía la opinión de que su prefecto ( el de las golondrinas) no era otro que don Luis Astrana Marín porque en cuanto, con su sombrero fregoli, su voluminosa cartera, su aspecto de meditada, compuesta e intransigente severidad alcanzaba el portal del Archivo Diplomático, los pájaros desaparecían del cielo, sin duda convocados a clase por un imperceptible timbrazo de las alturas"

      Me encanta la idea, la verdad.

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  2. Pensamientos así iluminan rincones que, nosotros, permanentemente, nos empeñamos en ocultar sin un motivo fundado.
    Estoy leyendo un precioso libro de Moralistas Franceses y quisiera compartir esta preciosa reflexión de Joubert, leída hace unas horas : " Ser capaz de respeto es hoy algo casi tan raro como ser digno de ello ".

    Saludos

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    1. Gracias por tu comentario, G. Gabiria, tan atinado. Tienes razón. Por eso ahora me la repito todas las mañanas. Y aspiro a cumplirla.

      Hoy me comentaba una amiga que le parecía duro ese "confía en pocos". Sin embargo yo, que he vivido una vida balzaquiana, creo que es sabio y prudente.

      A mí la que me parece un poco dura es la frase de Joubert.

      Me alegro de verte por este blog

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  3. Me parece que casa muy bien con la figura de Vicente Ferrer. Y además, creo que resume toda una filosofía de vida. Me la apunto

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    1. Sí que casa perfectamente. Bien visto. Y bien hecho, eso de apuntarla. Yo por lo menos así lo creo.

      Gracias por tu comentario, Anónimo.

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  4. El gran Shakespeare nunca defrauda. Aunque amar a todos confiando sólo en unos pocos se me hace difícil. Me conformaría con ser capaz de respetar a todos y ser tolerante (e incluso generosa) con todos. Una frase para repetirla cada mañana frente al espejo. Saludos, Blanca.

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    1. Tienes razón, Inmaculada. Nunca defrauda.
      En cuanto a confiar sólo en unos pocos: ¿a cuanta gente confiarías un secreto?

      En otro orden de cosas, cuando murió Benet tuve ocasión de comprobar cuántos entre los numerosísimos amigos supuestos eran de verdad amigos. Y todavía hoy me cuesta dar crédito, cuando lo recuerdo. Y también cuando recuerdo cómo, con "asesina inocencia", que diría Cunqueiro, la gente es capaz de prevaricar e infligir grandes daños por no ver al otro, sino sólo sus propios fines e intereses.

      Y no estoy hablando de los perversos, sino de los que van a lo suyo y se autojustifican y pasan por encima de lo que ellos consideran una losa, sin advertir que eso que consideran "terreno muerto" es alguien sufriendo, y tal vez más vivo que ellos. En fin.

      Yo la repito, esa frase, para aprender a perdonar, que es el secreto del amor, pero no frente al espejo. Lo probaré, a ver qué pasa.

      Un abrazo grande

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