jueves, 18 de diciembre de 2014

DE LA EXTENSA VANIDAD DE LOS POETAS




                       Hace bastantes años Magda Bonet y un compañero suyo me telefonearon en Barcelona con el fin de entrevistarme para la revista Ajoblanco. Yo me alojaba en el Hotel Colón y estaba tomando café con un conocido poeta  cuando aparecieron ellos, que entonces eran dos cándidos palomos. El conocido poeta me preguntó:
                       -¿Te importa que me tome otro café?
                       -No, no, por supuesto-le respondí.

                   Y se quedó. Entre tanto, Magda y su compañero empezaron a hacerme tímidas preguntas calentando motores. Entonces, el conocido poeta, como quien no quiere la cosa,   comenzó a entreverar sus opiniones con mis respuestas. Subrepticiamente, como si yo no estuviera allí oyendo y viendo sus maniobras,  fue realizando avances a medida que transcurría la conversación. Al poco rato, era tan patente su hambre de protagonismo que decidí darle cuerda para ver hasta dónde llegaba.
                             Y fue maravilloso presenciar aquella jugada trilera, ya que, sin el menor rubor, el conocido poeta llegó hasta el final. Y por “final” quiero decir que la entrevista para Ajoblanco se la hicieron a él.

                              En esos días, estaba releyendo unos espléndidos relatos de Bernardo Atxaga, que ya me gustaron en su momento. En el arranque de uno de ellos leí que cuando una serpiente mira fijamente a un pájaro éste se queda ciego por completo. Sin embargo, el pájaro no sabe que se ha quedado ciego y cree que se ha hecho de noche, y que en el cielo hay una estrella que brilla como ninguna. Y lo que él, deslumbrado, piensa que es una estrella en realidad es la boca de la serpiente.


                               Con el cuento de Atxaga en la mano, di en pensar que fue así como sucedió. El conocido poeta se merendó a aquellos dos pajarillos endiosándose como una estrella, cuando en realidad las auténticas estrellas no actúan suplantando a otros, sino dando verdadera luz.




5 comentarios:

  1. Espero que algún día escribas todas estas historias como un libro.

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  2. ( Y, sí, sabía lo de Platero: en estos tiempos de tecnología San Google nos recuerda todos los aniversarios. Y estaba mandándote un mensaje por mis pasadas ausencias, a modo de disculpa radical).

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    1. No tienes que disculparte de nada, querida María Jesús. La vida es guadianesca. Vamos y venimos. Si apareces, ya sabes que me encantan tus visitas. Si no apareces, pienso que andas en otras cosas, y espero que esas cosas sean buenas para ti y para tu caballo parlante, al que no sabes cómo admiro.

      Un abrazo grande

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  3. Yo creo que, salvo honrosas excepciones, los hombres son más "extensos" en vanidad, más ansiosos de notoriedad y poder. Seguramente, también más inseguros. Si miramos a la naturaleza, son los machos los más coloridos (más tucanes), más melenudos y más necesitados de aceptación.
    Gracias, Blanca. Estoy disfrutando el momento como nunca antes.

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    1. Vivir con intensidad es vivir de veras, María Jesús. El resto es pesca de bajura.

      Y sí, tal vez tengas razón. De ahí el verbo "pavonearse", por ejemplo, que procede de los machos del pavo.

      Gracias a ti, ya sabes porque.

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