jueves, 28 de mayo de 2015

HOMENAJE A AGUSTÍN TENA

Agustín, soy tan pobre por tu partida que no tengo versos propios para despedirte hoy. Y han llegado los de Sebastián por tantas y tantas veces que me llamaste, que te llamé ángel. 

Angel fue nuestra palabra, queridísimo, dimidium animae meae, como dijo el de Hipona. Hasta que tenga voz en lugar de lágrimas hago mío este viejo poema de Mondéjar y en él te veo, ángel, hermano mío, Agustín.



DEJAME LLAMARTE ANGEL
Déjame llamarte ángel, abundancia y plata
al alba, cuando canta el ave dulcemente,
Rímini y la tierra y yo, ángel,
pero cuan lejano Keats contigo.
Quiéreme llamarte ángel, lágrima por tanto y risa y risa.
Aún más cerca que el reflejo, la palabra,
mi mano, nuestro común acuerdo, ángel.

11 comentarios:

  1. Un abrazo,, Blanca. Siento mucho tu pérdida.

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  2. Precioso Blanca.
    Un abrazo.
    Miki.

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    1. Querido Miki. Ya me contó Federico todo. Un abrazo grande.

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  3. Carlos Lapuente 29 de mayo de 2015

    Encuentros y desencuentros nos llevaron a compartir la vida durante muchos años. Siento profundamente su perdida. Vivimos años inmortales. Madrid es ahora más gris. Se que estás triste, yo también. un beso Blanca.

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    1. Ya sé que lo sientes, Charli. La última vez que estuve en Madrid cené con él y hablamos de ti y de todos los del Limbo. Creo que me contó que te querías ir-o te habías ido- a Singapur, o a Vietnam, o a un sitio así.
      Noche tras noche allí. Cómo nos reíamos. Qué bien lo pasábamos. Tuvimos mucha suerte: nuestra veintena fue en el mejor momento. Y la amistad tan buena, tan confortante. En mi opinión, y también te lo digo a ti, Miki, desde aquí, es que los seres humanos somos como los árboles, que llevan dentro todas sus edades. También creo que nada se pierde. Y que la muerte es una puerta. Me figuro que discrepareis de esto, pero las opiniones dan igual. Es el primer principio de la metafísica: "lo que es, es, y no puede dejar de ser". Y viceversa. Muchos besos para ambos.

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  4. Blanca, en el tercer aniversario de la muerte de Agustín encuentro esto que en su día no vi. Yo escribí hace dos años algo que un día, cuando ya no sienta esta lanza en el alma, quizá publicaré. Quiero hoy darte las gracias por esto y por todo lo que dijiste en el programa de la SER unos días despues de su muerte. Agustín te adoraba, y lo sabes. Pasé las últimas semanas, las últimas horas, los últimos segundos, junto a él, cogida de su mano, y tan solo, en esa cama que le quedaba pequeña,estaba él y estábais sus amigos y sus amores. Gracias, un gran abrazo, Pilar Tena

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  5. Querida Pilar: encuentro tu mensaje hoy, de casualidad , mientras releo este intermitente blog. Agustín. Cuando lo recuerdo vuelve su risa a mis oídos. Es el recuerdo que llega primero, el más recurrente.
    Gracias por decirme que me adoraba. Yo también lo adoraba a él. Fue el amigo perfecto, el confidente más íntimo, el más cariñoso, el más leal, el más fiel. Para mí, que soy una solitaria vocacional, era la compañía más grata, fraternal, alegré, cómoda, afectuosa, ingeniosa y cómplice. Siempre estábamos bien juntos, riéndonos y echándonos flores sin cesar, él con su dulce y encantadora ironía y yo como si estuviera con mi ángel de la guarda, cosa que sin duda fue para mí.
    Qué regalo tan grande su amistad. Un regalo gigante, impagable.

    Lo echo de menos tanto que me cuesta ir a Madrid para no encontrarme con su ausencia por todos los lugares donde estuvimos juntos, que fueron todos.

    Había una cosa que me fascinaba de él: no se sabía enfadar. Cuando intentaba hacerlo le salía fatal, pues nunca perdía ese algo tan elegante, tan de buena crianza y caballerosidad que tenía en sus formas. Me divertía horrores cuando lo pretendía. No he conocido a nadie con menos disposición para el enfado o la ira que él.

    Te diré que creo firmemente que lo veré en el futuro, cuando caiga el telón y todos salgamos a saludar, y eso me consuela de la falta que me hace, del hueco negro que dejó a mi lado su ausencia y de las ganas que tengo de darle un abrazo grande, grande.

    Querría que esa esperanza te confortara a ti también, Pilar, sobre todo porque sé cómo te quería y lo orgulloso que estaba de ti.
    Si por fin decides publicar tu escrito, no dejes de avisarme. Verlo a través de tus ojos será como verlo de nuevo, y sé que eso no tendrá precio.

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  6. Querida Pilar: encuentro tu mensaje hoy, de casualidad , mientras releo este intermitente blog. Agustín. Cuando lo recuerdo vuelve su risa a mis oídos. Es el recuerdo que llega primero, el más recurrente.
    Gracias por decirme que me adoraba. Yo también lo adoraba a él. Fue el amigo perfecto, el confidente más íntimo, el más cariñoso, el más leal, el más fiel. Para mí, que soy una solitaria vocacional, era la compañía más grata, fraternal, alegré, cómoda, afectuosa, ingeniosa y cómplice. Siempre estábamos bien juntos, riéndonos y echándonos flores sin cesar, él con su dulce y encantadora ironía y yo como si estuviera con mi ángel de la guarda, cosa que sin duda fue para mí.
    Qué regalo tan grande su amistad. Un regalo gigante, impagable.

    Lo echo de menos tanto que me cuesta ir a Madrid para no encontrarme con su ausencia por todos los lugares donde estuvimos juntos, que fueron todos.

    Había una cosa que me fascinaba de él: no se sabía enfadar. Cuando intentaba hacerlo le salía fatal, pues nunca perdía ese algo tan elegante, tan de buena crianza y caballerosidad que tenía en sus formas. Me divertía horrores cuando lo pretendía. No he conocido a nadie con menos disposición para el enfado o la ira que él.

    Te diré que creo firmemente que lo veré en el futuro, cuando caiga el telón y todos salgamos a saludar, y eso me consuela de la falta que me hace, del hueco negro que dejó a mi lado su ausencia y de las ganas que tengo de darle un abrazo grande, grande.

    Querría que esa esperanza te confortara a ti también, Pilar, sobre todo porque sé cómo te quería y lo orgulloso que estaba de ti.
    Si por fin decides publicar tu escrito, no dejes de avisarme. Verlo a través de tus ojos será como verlo de nuevo, y sé que eso no tendrá precio.

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