miércoles, 7 de octubre de 2015

DOS POEMAS CON CIPRESES DE "LOS ARCHIVOS GRIEGOS"


A UN CIPRÉS DE LA ACRÓPOLIS

Verás, ciprés, hermano
de los lirios
me recuerdas a un hombre
que amé y murió
y que era como tú alto y oscuro.
Delgado como música de cuerda
también su alma era ática
ascendía en la noche
por la secreta escala
de sí mismo
buscándose
buscando el alto cielo
como tú.

TO SPITIS TIS LOGOTEJNÍAS


Hace ya mucho tiempo naufragaron los hombres
los hermanos de sangre dividieron sus viñas
y el agua del idioma ardió como una estrella
cuando la torre aquella se enfrentó contra el Dios.
Y entonces, desde entonces
como ángeles, como campanas
navegaron bajeles
contra Babel
con espadas calientes conquistaron palabras
llevando vida de una parte a otra
trasladando los sueños de los hombres.

Así somos nosotros, guerreros, marineros
escritores, traductores, poetas
como ángeles, como campanas
junto a la piel del cielo.

Igual que una paloma que ha volado a una higuera
una luna de mármol nos vigila.

Aquí está nuestra casa que roza las estrellas
como un barco en la noche
un velero de piedra hermano de los pinos patriarcas
y hay un rumor de hipálages y símiles
que se abren como pétalos, que se alzan
como cipreses
que galopan
como caballos entre los cipreses
y un resplandor de extrañas metáforas y cantos
que brilla en los pasillos.

Como flechas de un arquero sagrado
atraviesan vencejos los altos corredores
diciendo: ¡ Buena suerte!¡ Encontrad la palabra!
También, como nosotros
anidan en la luz.







6 comentarios:

  1. Después de rondar los versos soñadores y entroncarme contigo en mis años, he compartido alientos de sementera. No temes al vacío ni a la oquedal turbia que la muerte labra sobre las tumbas: eso te convierte en una poetisa sin más ambición que la dignidad.

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    1. Gracias, Antonio Cruz, por tu mensaje tan profundo. Y sí, es cierto, no temo al vacío. Y frente a una tumba lo único que pienso es que esta llena de harapos y atrezzo hamletiano. Ya no sé si soy poeta, por otra parte, aunque más que la dignidad me interesa la verdad. Pienso, con el profeta Muhamad, que la mayoría de los poetas son unos embusteros. Embusteros como calamares, lanzan la tinta hacia un lado, sin preocuparse de qué o a quién pueden manchar en su afán por dejar huella, y se van por el otro. Usan muchísima tinta negra, porque es la más fácil y la que más disimula las trolas. En fin. No sé si volveré a escribir versos, pero si lo hago espero que sean genuinos. Gracias de nuevo.

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  2. Me he quedado impactada con la lectura de tu poema al ciprés!!
    Cuánta autenticidad y belleza has proyectado en su sombra alargada, a veces es necesario alzar la vista al cielo ascendiendo por la cúpula del ciprés y tal vez solo entonces, será cuando adquiramos una visión mas transcendental de las cosas, yo muchas veces me quedo en su sombra a ras de suelo y me siento pisoteada o cubierta por las hojas caídas del otoño.
    No me gustan los cipreses de los cementerios, prefiero los que bordean los caminos y protegen con su sombra a los viajeros, como los álamos cantores de Mach,pero si me ha gustado que los compares con los lirios , tal vez en los cementerios se deberían plantar lirios , que cada primavera renueven nuestro compromiso de amor con los que amamos y se han ido!!
    Aunque creo Blanca que tu no necesitas de los lirios ,ni de la primavera para recordar a Juan, porque él ya forma parte de ti.

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    1. Qué bonito tu mensaje. Pilar. Me alegro de que te guste el poema. Los cipreses de la Acrópolis crecen entre lirios silvestres y anémonas, por eso me vino la imagen, ya que los lirios silvestres son muy esbeltos. Justo al lado del Partenón recuerdo un almendro en flor.

      En la casa de campo que compartí con Juan había cipreses bordando la entrada a la casa, aunque de lo que Juan estaba prendado era de un enorme lilo que crecía junto al pozo. También de las encinas recién nacidas, que vigilaba.

      Un abrazo grande.

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  3. Uno de tus poemas dedicados a los cipreses me ha parecido dedicado a Antonio Morales. Un abrazo Visita

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    1. ¿ Visita P. S.? ¡ No me lo puedo creer! ¡ Cuanto años! Me alegro mucho de saber que has andado por aquí, aunque el poema no esté escrito pensando en Antonio. Se lo dediqué a mi marido, Juan , en mi último libro, que es del 2010.

      Por otra parte, ese libro es el que Antonio prefirió de toda mi obra. Cuando lo leyó, me llamó y se pasó dos horas al teléfono, cosa que no había hecho jamás con ninguno de los otros, de modo que en cierto modo es también para él, ya que él lo hizo suyo, con su entusiasmo.

      Espero que todo te vaya bien, Visita, y que como decían los antiguos griegos"no haya sombra de dolor".

      Un beso grande

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