jueves, 11 de febrero de 2016

UNA FRASE DEL DE AVON PARA LOS TIEMPOS



EL PODER ES UNA ESCALERA DE ARENA.


14 comentarios:

  1. Amiga Blanca, todo se disgrega y lo que fueron rocas duras hoy son áridos más o menos disgregados, aunque formen escaleras que no sabemos a donde llevan.
    Saludos
    Francesc Cornadó

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    1. Las escaleras de arena, mi querido Francesc, siempre llevan al mismo lugar del que se sale, creo yo, con el añadido de que el ambicioso del poder puede llevarse un buen batacazo si sube muy alto.

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  2. Hola Blanca, llevaba tiempo que queria ponerme en contacto contigo, Betanzos sigue siendo un burro muy hermoso, solo que fue papa de varios betancitos hasta que ya le toco jubilarse de fabricar mas (por eso de evitar endogamia), te tengo que buscar por facebook para enviarte algunas fotografias, un abrazo

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    1. ¿ Betanzos fue papá? ¡ Que alegría? Seguro que tuvo unos hijitos ideales. Espero que no se volviera de adulto como suelen ser los machos enteros, tan difíciles de manejar. Como lo conocí en un matriarcado, no me lo imagino.
      No tengo faceebock. Si instalas las fotos por ahí, en algún blog, házmelo saber, por favor.

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    1. ¡ Es verdad! Los elfos pueden subir por peldaños de arena tan campantes.

      Un abrazo, Alfonso, e un biquiño.

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  4. Hola Blanca, somos un grupo de estudiantes de filología hispánica de Ciudad Real, encargadas de hacer un análisis sobre su libro "De una niña de provincias que se vino a vivir en un Chagall" y nos gustaría saber si nos puede dar su correo para preguntarle algunas dudas. Un saludo y muchas gracias.

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    1. Angela: no puedo anotar mi correo en un sitio público, como comprenderás. Podéis hacer vuestras preguntas en este blog, y yo procuraré responderos como mejor sepa. Hay una entrada sobre ese libro en el blog: ahí, por ejemplo, sería un buen lugar. Aunque si no tenéis ganas de buscarla, en cualquier entrada-incluso en esta-os contestaré.

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  6. Estimada Sra. Andreu,

    No sé si en las prerrafaelitas riberas del Avon (lloradas de sauces, picoteadas de garzas, quizá con el cadáver aún tibio de alguna pálida niña precipitada a sus mansas aguas por causa de un amor demasiado lírico) habrá arenas maleables. Antes bien se diría que el paseante que se aventure en la densa verdura ajedrezada por el frío sol de la campiña encontrará pronto su pie hundido en alguna turbera antigua en cuyo fondo reposen un par de tibias de oca y alguna moneda extraviada. Pero en cambio sí es posible que en los arribes de algún ribazo castellano ese mismo y distraído caminante (traído desde Britania por la virtud literaria de falsificar el tiempo y escamotear el espacio) venga a sentarse en la seca y caliza laja en la que la arenisca ibérica, menos dada a ensoñaciones pictóricas que su pariente anglosajón, ha venido a convertir la antigua orilla que un día cuaternario y aburrido tallara junto a unos chopos una corriente apática y turbia venida de un cauce alto cuyo nombre nadie recuerda y cuya memoria a nadie importa.

    Cordialmente,
    José A. Martínez
    En Alicante.

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    1. Su prosa es muy bella, José Antonio. Y profunda. Enhorabuena. Y gracias por dejar una muestra aquí, que releeré de cuando en cuando a ver si se me contagia algo.

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  7. Sra. Andreu,

    Le agradezco el elogio. Del oficio de escribir poco tengo que contarle, pues uno va por su primera y reciente novela y usted ya tiene muchas páginas que la avalan. Todo sea que siga cada cual trabajando en la soledad de su despacho, y que si Dios y un editor así lo quieren podamos leer lo que de allí salga. Por el camino siempre cabe venir a perderse un rato (esa medida atemporal e irreductibe a acotación alguna tan contraria en sustancia a los presupuestos de estos tiempos) en lo que va usted dejando en esta bitácora, que a veces es como sus poemas, una suerte de elegantes haikus europeos sazonados por el polvillo del María Moliner, y otras fotografías de lugares y de gentes que uno admiró sin jamás haber estado en ellos o sin haberlos conocido más que por los libros. Fantasmas de los despachos vacíos, nubecillas que dispersa la luz cuando entramos en ellos.

    La pena es haberse perdido su conferencia gongorina del mes de abril. Es lo que tiene vivir en provincias, que todo queda a desmano. O al menos eso tenía, pero sigue uno apegado a ciertos hábitos que ni la cibernética ni las alargadas líneas férreas de los trenes-bala que cruzan la meseta pueden remediar. Bendita nostalgia si se administra bien.

    Suyo affmo.,
    Jose A.

    PD: Y sin por un azar la tal conferencia pudiera escucharse tarde o temprano por medios telemáticos uno le agradecería disponer del enlace pertinente aun a costa de hacer menguar la nostalgia antedicha.

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    1. Acabo de leer en la red que su novela se ha considerado la "mejor novela de viajes del 2015", así que me figuro que será algo digno de leerse y procuraré hacerlo. El título me gusta mucho, "La tierra del grajo". Es muy tentador.

      En cuanto a mi, por llamarla de alguna manera, conferencia, no sé qué le parecerá a usted, ya que yo no soy una erudita y se trató más bien de contar la experiencia personal. La tiene usted en youtube. El enlace aparece en uno de los comentarios de la convocatoria, muy fácil de localizar ya que lleva el anagrama de la Cátedra Góngora.

      Es larga, además. Yo no se la recomiendo. De todos modos, le agradezco mucho su interés.

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  8. Es algo sobradamente conocido: el enemigo natural de todo libro es el lector. Con cuánto disimulado recelo no toma uno a veces del lomo un volumen al que lleva mirando de reojo más de un mes, esperando el momento de sorprenderlo con la guardia baja (la cubierta medio abierta por unos calores de temporada, la cinta separadora displicentemente por fuera, un pececillo de plata que ya vive en la página cien) para así atacar sus párrafos con esa suficiencia (cuando no con esa inquina) de hombre de letras bien formado. Pero por razones misteriosas La Tierra... (novela primeriza y voluntariosa que quizá apunte a un futuro y más fortificado carácter), ha gozado del favor de Don Santiago de Mora-Figueroa, ex-director del Instituto Cervantes, que hace apenas quince días publicó una amable e inmerecida reseña que está disponible en su propia bitácora:
    (http://marquesdetamaron.blogspot.com.es/2016_04_01_archive.html).

    Con mucho gusto le haré llegar el penúltimo ejemplar de cortesía que me queda, si no para leerlo sí al menos para que lo pusiera en algún lugar fresco y sombreado, a la espera de que un pececillo de plata entre y salga de sus páginas mientras en un patio al que tenga vistas crezcan los morosos geranios y el canto de un jilguero enjaulado repercuta en las paredes encaladas. Le dejo mi correo público por si me hace saber dónde, cosa que decide usted con buen criterio y sin necesidad de más explicaciones. Por mi parte, está publicado que ahora vivo en un pueblo provincias, en San Vicente del Raspeig, Alicante. El correo es:

    qvcocotiers@hotmail.com

    Pero vamos a lo importante. Esta mañana he podido ver y escuchar su conferencia. Lo cierto es que el conflicto entre el Bar y la Academia, resuelto por derrota fulminante a favor del primero, me ha producido gran distracción y no poca alegría. En primer lugar por escucharla a usted defender la mesa humeante de la cantina universitaria como cátedra original de la literatura moderna, y en segundo por hacerme recordar mis tiempos de escriba de servilletas dobladas. Los cuadernos de notas Miquelrius quedaban entonces descartados para una economía de bourbon y subsistencia.

    Tanto como el contenido, el modo de sus respuestas y comentarios me ha causado gran impresión. Titubeante al principio de las frases, como distraída de la pregunta, quizá rebuscando razones y argumentos que cuesta encontrar y poner en un orden propio sin el cuál no habrá respuesta que valga, haciendo temer al huésped de la conferencia que quizá haya tocado un punto flojo del ponente, para a continuación y de manera insospechada lanzar un par de breves ráfagas cargadas de enjundia y de referencias que no sólo despejan las dudas del público sino que introducen algún nuevo elemento de interés, y hasta abren alguna portezuela para asuntos tangenciales. Haría usted una buena jugadora de póquer.

    Reconozco que cuando arriba dije que la Academia perdió fulminantemente contra el Bar exageré a propósito, quizá demasiado entregado a la idea marktwaniana de que la simple y obstinada realidad no es quién para obligar a cambiar una frase que haya salido más o menos redonda. La Academia estuvo brillante, ofreciendo citas y matizaciones con sentido de la mesura y de la oportunidad y, para ser justos, fue una digna rival de la mesa de cantina donde un día lejano se cocieron tantas de las páginas que hoy ven la luz. Y del fondo gongorino y de sus derivadas poco puedo añadir más que lo he disfrutado sin ser yo nadie para poder poner una coma a lo que con tanta ciencia se dijo.

    Jose A.

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