viernes, 3 de junio de 2016

Para María Jesús Paradela de Coles, un poema de Alvaro Cunqueiro

Un poema de nuestro amado Alvaro Cunqueiro para María Jesús, que miraba el mundo amorosamente, como es debido.



CANDO SE FINA UN HOME

Cando se fina un home, morre unha cidade
Vaise il, pro non soio.
Leva soños, verbas, desexos que foron bicos,
tristuras, amistades, grandes risadas. Todo isto
no fardelo que lle foi dado.
Pro tamén leva outros:
o aroma de aquel recuncho, aquela hora
de sol de inverno na praza, a fonte
sob os plátanos, o cheiro de mel da confitería, uns
bos días, señora Pepa!, i-ela sorrindo, gorda;
a discusión no Comité: ¡eu estou pola
mellora do gado mouro!Non sabía por que.
Il amaba unha certa paisaxe, unha certa
forma das estrelas, i-as herbas, i-o canto do galo,
unha certa voz nos homes, i-unha color nas vacas.
I-a cidade-o mundo-decía: Mijail estame vendo tamén.
E seguía, seguían as horas, as estaciós, os séculos.
O mundo, porque alguén o miraba, seguía indo.
Pro un día calisquer cen Mijail morren
i-o mundo acaba, perdido, soio, sin que ninguén o olle
amorosamente, como é debido

  
(firmado como el rumano Decio Arveanu y supuestamente traducido al gallego por A. Labrada.)


CUANDO UN HOMBRE SE ACABA


Cuando un hombre se acaba, muere una ciudad.
Se va, pero no sólo.
Lleva sueños, palabras, deseos que fueron besos,
tristezas, amistades, grandes carcajadas. Todo esto
en el hatillo que le fue dado.
Pero también lleva otros:
el aroma de aquel rincón, aquella hora
de sol de invierno en la plaza, la fuente
bajo los plátanos, el olor de la miel de la confitería, unos
¡buenos días, señora Pepa ! y ella sonriendo, gorda;
la discusión en el Comité:¡ yo estoy por la
mejora del ganado negro! No sabía por que.
El amaba un cierto paisaje, una cierta
forma de las estrellas, y las hierbas, y el canto del gallo,
una cierta voz en los hombres, un color en las vacas.
Y la ciudad-el mundo-decía: Mijail me está viendo también.
Y seguía, seguían las horas, las estaciones, los siglos.
El mundo, porque alguien lo miraba, seguía siendo.
Pero un día cualquiera cien Mijail mueren
y el mundo acaba, perdido, solo, sin que nadie lo mire
amorosamente, como es debido.




7 comentarios:

  1. El hermoso poema citado arriba me lleva a recordar lo que sigue. Hace poco más de un año tuve ocasión de leer el informe de un comité de lectura de una conocida editorial. En la carta adjunta y firmada con severidad funcionarial se mencionaba que, como pauta para el descrédito de la pieza juzgada, el texto en cuestión era "tan aburrido como las anécdotas de Álvaro Cunqueiro" y "pomposo y hueco como la sintaxis de Benet", entre otros.

    Efectivamente, el vasto y fastuoso anecdotario de Cunqueiro incluye en su registro buena parte de todo aquello que los tiempos desprecian por falto de aplicación inmediata, por estar preso de su propia e inútil inercia, por carecer del impulso transformador de ese ente horrendo que ha venido a suplantar a la persona y que llaman con términos amenazantes, como son "comunidad", "pueblo", "partido" o sociedad".

    A pocos importa ya enredarse en querellas por cuántas escamas tiene la cola de sirena, por la superior cualidad de tal manzana, por el gracioso ajuste de un dintel, por la virtud de un santo o por el virgo de una moza. Todo ello requiere de una predisposición al abandono y de un gusto cultivado por la mirada, de un saber escapar de la coerción de un yo que a poco que se le deje acaba por pensarse tan solo a sí mismo. La enumeración de lo que queda en el hatillo del muerto (vv. 6 en adelante) produciría sopor al lector de confianza de la mejor editorial del país, que al afirmar que "y no se aprecia profundidad psicológica alguna en los personajes" define su campo de acción, que gravita en torno a esa ley dostoievskiana que afirma que a mayor desgarro del personaje mayor profundidad del texto. Con más gracia que el plomizo ruso vino Blanca Andreu a decir que ella prefiere "no pintar en negro".

    La formulación de Cunquerio es clara: "El mundo, porque alguien lo miraba, seguía siendo" (vv. 18), y recuerda en todo a la de Goethe durante su viaje a Venecia, cuando casi ahíto de la hermosura de los berrocales y de los bosquetes de encina del camino escribió: "Pensar en más interesante que saber, pero no que mirar".

    Sobre el cometario a lo enfático y hueco de la sintaxis de Benet casi mejor ni hablar por pasar tranquilo la mañana.

    Jose A.

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    1. Te he respondido "fuera del tiesto" y el mensaje aparece independiente del casillero de "respuesta", debajo del tuyo. Gracias de nuevo por tu comentario.

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  2. Jajaja. Genial. Qué informe tan halagador. A lo mejor no se refería, de forma tan brutal y estólida, a la obra de Cunqueiro calificándola de "anécdotas", sino a sus desopilantes hazañas en la vida real. No sé qué es peor. En cuanto al "hueco"Benet, tampoco voy a pronunciarme.
    Lo que sí me gustaría saber es si se trata de una editorial perteneciente al grupo Lara, ya que salvo Vandalia, que pertenece a la Fundación y publica sin afán de lucro, según me contó Gimferrer no utiliza ya "comités de lectura", sino señoras de veinticinco a cuarenta, "lectoras medias", ya que ellas constituyen en la actualidad el grueso de las compradoras de libros.
    De modo que, de tratarse de un texto tuyo, fue analizado por el mismo mujerío que entroniza a Almudena Grandes y a gente por el estilo. En la línea de Tolstoy, que diría Snoopy.
    Vivimos tiempos bárbaros.
    Por otra parte, en cierta ocasión leí un informe de la propia Beatriz de Moura a un joven escritor que posteriormente ha resultado ser un "plato fuerte" de Anagrama. Era tronchante no sólo la condescendencia sino los consejos para que el joven perfeccionara su pluma.
    En fin.
    Gracias por tu comentario, tan jugoso. Dejaste otro en otra entrada tan bello que me bloqueó. ES un honor que un escritor de tu talla haya dejado aquí sus consideraciones, que el nivel de este blog no merece.
    Todavía no me he hecho con tu libro. Ahora vivo en una ciudad pequeña, no muy lejana a la tuya, donde no suelo comprar libros. Leo de la biblioteca pública y sólo compro por cajas cuando me acerco a Murcia, al maravilloso librero Diego Marín, que no sólo tiene la mayor superficie librera de España sino que es el Einstein de los vendedores de libros. Sin embargo, lo tengo en mente.

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  3. También es casualidad. De las reediciones de Diego Marín, por un amigo murciano como una vara, recibí la semana pasada una copia de "Tauromaquia". Es la segunda y buena referencia que recibo de él, así que habrá que tenerle muy en cuenta.

    Me da un no se qué decir en público el nombre de esa y de otras dos o tres editoriales que como apunta vieron en esas páginas, como bien dice uno de ellos "un largo viaje a la nada como los de Benet". Precisamente a usted no habré de contarte que cuando leí el comentario sentí primero un rubor por lo inmerecido de la alta comparación (que ponía en evidencia no las propias virtudes sino las supinas carencias del lector), y en segundo una urgencia por bajar al economato y descorchar un cava de mucha espuma. Al final se impuso una moderada cordura, y con ella, el rubor.

    Me pregunté a continuación cuántos habrían padecido la comparación con el Maestro Juan en manos de ese y otros lectores de hoy en día, escritores que a buen seguro cayeron mortificados por ese prurito de vergüenza que debe dominar la reacción de quién haya leído a Benet y sepa apreciar su probada e irrefutable superioridad.

    No conozco a nadie en el negocio editorial. Sólo a una lectora que viene a encajar en la categoría de revisores que menciona y de la que sé que tiene buen gusto, no precisamente por sus añejas amistades. Por ejemplo y entre otros, me leía poemas suyos durante una convalecencia juvenil, a lo que no sé si atribuir mi curación o el haber contraído ciertos hermosos vicios literarios en un momento de susceptibilidad. He olvidado qué poemas eran, tal es la brecha entre el hoy y ese entonces, pero no su efecto.

    Con respecto a las supuestas bondades al papel, le aseguro que no pasa uno de bípedo implume con bolígrafo en la diestra, bicho que una vez tuvo la fortuna de componer un libro en el que un par de lectores (ahora sé que hembras) de unas editoriales cuyos nombres ya le diré acertaron a fijarse para mal, cosa que nos llevó a otra editorial, esta vez para bien.

    En eso de escribir no cabe más que trabajarse el oficio, carecer de ambiciones y disfrutar del placer que ofrece la compañía epistolar de unos pocos como usted, y que se deben a la inmerecida y fugaz publicidad que ese grajo negro y resentido me proporciona. Es mucho premio para tan magra tarjeta de visita.

    Jose A.

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  4. Hermosísimo poema del gran Cunqueiro. Un digno homenaje para una mujer extraordinaria que supo contagiar su vitalidad y entusiasmo, a través de su blog, a tanta y tan alejada gente. Tuve la suerte de llegar a conocerla y disfrutar de su hospitalidad y su conversación junto a la chimenea, una tarde de invierno, en Paradela. Ya estaba enferma, pero había tomado la firme resolución de seguir mirando al mundo amorosamente hasta que no le quedaran fuerzas. La conocí a ella y a su tropita: a Cuco, a Koro, a Perdi, a Kiko Fernández da Aira Darriba y a las gallinas. Todos magníficos, tan sabios y entrañables como su dueña. Volví a verla una vez más, en primavera. Y entonces fue ella la que se acercó para asomarse brevemente a nuestro refugio de vacaciones, no lejos de su paraíso. Pero es el recuerdo de aquella tarde de invierno junto al fuego el que me da calor en otras tardes de invierno, cuando parece que el mundo acaba, perdido y solo, sin que nadie lo mire amorosamente, como es debido. He sentido mucho su muerte.
    Saludos, Blanca.

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    1. Qué suerte. Nosotras quedamos alguna vez, pero al final mi viaje se frustró. Aún así, como nos escribimos cartas personales al margen de los blogs, creo que la conocí más que a muchos con los que hablo cara a cara. Fue por carta también como me comunicó su enfermedad cuando aún era un secreto bien guardado. Y las dos estuvimos de acuerdo en que la muerte, si le llegaba, sólo sería una puerta abierta y no un muro.
      Me gustaba mucho María Jesús. La quería. Me quería. Me ayudó. La ayudé. Y no quiero lamentarme de no haberla conocido en persona ni tenerte envidia, porque las cosas son así y bien está. Nos veremos en otro momento, ella y yo, estoy segura. Sin embargo, quiero felicitarte por tu visita feliz. Esos recuerdos tan bellos dan vida y sanan el alma. Un abrazo grande.

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  5. He tropezado por casualidad, aunque mejor decir por curiosidad, con el comentario de José Antonio Martínez Climent y, por su manera de expresarse, me ha interesado mucho. Percibo en sus maneras el oficio depurado de un escritor serio, "sin ambiciones", pero comprometido con el lenguaje. Si lee esto, me gustaría tener noticias suyas (entiendo por el comentario de Blanca que tiene algo publicado y de ser así, quisiera saber título y editorial). También soy un incondicional de Benet, al que tuve la suerte de conocer, aunque de manera demasiado apresurada (el tiempo siempre dice la última palabra, o lo pretende). Conservo un libro suyo dedicado y, por ser leonés, me empeño cada verano en recorrer la mítica Región donde su visión del mundo nos dejó sin aliento, tan cerca y tan lejos a la vez, como los grandes mitos.

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